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Un grupo de platenses deciden trazar su recorrido por la ciudad escalando y saltando obstáculos, con un lema: Ser y durar. Lanzi, uno de ellos, explica por qué esta forma de moverse por el mundo es la que lo ayuda a superarse a sí mismo.

Por Mercedes Galera
Foto: Santiago Goicoechea

“Hace veinte años mi amigo el Chiri y yo descubrimos, por casualidad, que la mejor manera de caminar es hacerlo como un mono que, mientras trota, se estuviera convirtiendo en avestruz. Esta forma de andar es mucho más cómoda y veloz que la manera habitual, y a todas luces menos cansadora. Con el Chiri solíamos dar largos paseos utilizando este método de tracción, a la vez que nos preguntábamos: “¿por qué la gente no se desplazará así, por qué todo el mundo ha elegido la variante más difícil?” Dimos con la respuesta en 1991, cuando nos llevaron presos a causa de caminar distinto.”
Adelantados éramos los de antes, Hernán Casciari

-Cuando nos sacan de los lugares, a veces, no saben ni definir qué es lo que estamos haciendo mal. Yo soy un transeúnte, un peatón que está cruzando de una forma no tradicional, pero hay gente que juzga sin conocer y dice “no, estos deben estar drogados, andan saltando por los techos”. Está bien, la sociedad los educó así, pero es un garrón que tengan la mente tan estrecha-. Dice Lanzi. Lo que él y sus amigos hacen, y muchos no entienden, es Parkour: el arte del desplazamiento. El objetivo de esta disciplina es moverse de un punto al otro, superando los obstáculos que se presentan sólo con el cuerpo y hacerlo de una forma eficaz y fluida.

Los lugares para hacerlo están en todos lados, porque la idea del Parkour es adaptarse al medio que se presenta, sea urbano o natural. Por eso, viajar es la manera perfecta para descubrir si se adapta o no lo que se aprendió, casi el 70% de la disciplina según Lanzi. Los spots ideales son los que tienen barandas, paredones, escalones y desniveles que sirven de obstáculos que puedan ser superados escalándolos, saltándolos, balanceándose.

Quienes hacen Parkour se llaman Traceur (“el que hace el camino”) y Lanzi es uno desde el 2008, cuando todavía eran pocos los que conocían la disciplina. Fue Iñaki Inchaurregui el que empezó con la movida en la ciudad en el 2007, y cuando fueron sumándose personas se formó Parkour La Plata, que para Lanzi está formado por todos los que quieran empezar. Un punto de encuentro es el Centro Comunal de Tolosa, y por eso la mayoría de los traceurs son vecinos del barrio.

Lanzi explica que en el Parkour no existe la competencia, sino que se trata de la autosuperación. Entonces no hay reglas: “Yo creo que si alguien te dice qué es lo que podés o no podés hacer no te estás autosuperando, tenés a alguien que te está poniendo los límites, y yo creo que vos tenés que decidir hasta qué límite podés llegar”. Cuando en Lissés, un pueblo de París, David Belle pensó el Parkour como disciplina, uno de los puntos que definió sus objetivos fue llegar a la confianza y a la prudencia en uno mismo para superar obstáculos tanto físicos como filosóficos.

El entrenamiento mental es indispensable, porque el Parkour implica una manera de entender la existencia que se resume en la frase “Ser y durar”, o sea, buscar la perduración del cuerpo que, al final, es el que permite disfrutar y realizar. También hay que aprender a ubicar la mente en el presente, concentrarse en el salto o el movimiento que se hace en el momento y no en lo que se quiere hacer después.

A Lanzi el Parkour lo ayudó a encarar la vida de otra manera: “Lo típico: Carpe Diem, disfrutar el momento, yo lo veo por ese lado y también por el lado de la autosuperación, que no te conformes con lo que tenés, sentí lo que tenés y sé feliz con eso, pero aún así tratá de seguir más adelante, apuntar un poco más arriba”.

Lo llamativo de la disciplina es que se ve rara: chicos que saltan escaleras en vez de bajarlas, que trepan paredones en vez de esquivarlos y en el medio, si quieren, hacen acrobacias. Lo que desde afuera puede verse ridículo, desde adentro tiene que ver con la eficacia que se puede alcanzar al moverse.

El estilo de cada traceur tiene que ver con su propio objetivo. Para Lanzi lo más interesante es alcanzar la eficiencia, ir de un lugar a otro lo más rápido posible. Para otros, es desplazarse adaptándose lo más posible al medio: hacer mortales y piruetas para atravesar una muralla, algo que es atractivo porque parece un baile. El punto en común entre todos los traceurs es que todos los movimientos son pensados: el cuerpo busca llegar al límite, pero llegar bien, y por eso los traceurs más respetados son los que tienen la cabeza en un nivel de concentración más alto que el resto.

Cuando Lanzi viajó a Europa vio cómo el Parkour se hacía con estructuras más elevadas que las de La Plata, donde todo está casi al nivel del piso. Viendo a traceurs que saltaban por los techos de París entendió que el contexto determina el tipo de entrenamiento mental y la naturalidad con la que se hacen los movimientos, y también reforzó una idea que se fomenta desde los inicios del Parkour: enseñar a los demás y aprender de ellos.

Por eso son importantes las RT (Reunión de traceurs) en las que se intercambian formas de entrenar, saltar y moverse. Lanzi dice que puede aprender de cualquier persona que haga cosas con el cuerpo como breackdance, danza artística o acrobacias, porque al final todo se trata del movimiento, pero que el Parkour se diferencia por su filosofía, y eso es algo que no se debe perder.

-Yo no lo hago para que me vean mis amigos o alguna chica. Yo lo hago porque me hace sentir bien conmigo mismo, llegar a ese lugar me hace feliz-. Para llegar a donde quiere, Lanzi es el responsable de sus movimientos y decisiones y, por eso, es el único que puede trazar su camino.

Entrevistado: Lanzi